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Sin una visión, el pueblo perece

Sin una visión, el pueblo perece: Muchos son los que han repetido este dicho tan sabio, reconociendo la verdad que encierra. El sueño del milenio ha sido una visión, por mucho tiempo anhelada, en torno a un mundo sin escasez, el cual ha evolucionado más allá de la necesidad de la explotación, de la dominación de las clases, de la violencia organizada y de una mano de obra entumecida. Todo ello se expresa en la literatura mundial, tanto secular como sagrada: “la tierra de donde mana leche y miel”.

A medida que la vasta mayoría de la gente en el mundo se esfuerza por efectuar los cambios sistémicos necesarios para salvar la humanidad y el planeta de la sofocante sujeción de la explotación, el hambre y la guerra, estas personas luchan no sólo de forma defensiva sino que se dejan guiar por una visión sobre lo que es necesario, posible y realizable.     Sin esta visión, la lucha continuaría siendo defensiva o parecería que está dando marcha atrás.

Desde la fundación de este país, la historia del pueblo estadounidense ha sido de lucha por la libertad y la igualdad. Nuestra historia—desde la Revolución Americana que rompió con las cadenas de la monarquía, hasta la Guerra Civil que puso fin a la esclavitud— todavía se encuentra en el proceso de una lucha por materializar la promesa, que en su mayor parte todavía no se ha cumplido, de “vida, libertad y búsqueda de la felicidad”. Y llegamos a un punto crítico en la historia en el que la última de estas promesas presenta las condiciones materiales y objetivas para transformarse en más que un ideal y un sueño.

Ahora tenemos la capacidad de producir todo lo que necesita la humanidad para tener una vida sin privaciones ni inseguridades. Pero al amparo del capitalismo, todo debe venderse para obtener ganancias, incluido lo que se necesita para sobrevivir. Contamos con las habilidades técnicas para crear abundancia para todos, lo cual daría origen a una vida plena en los ámbitos material, cultural y espiritual. Sin embargo, bajo las relaciones sociales capitalistas, esto se obstruye y se evita. La revolución en las fuerzas productivas —la producción electrónica— crea abundancia pero, bajo el capitalismo, también origina pobreza, hambre y miseria. Hasta que la humanidad entienda el significado y las razones de este profundo cambio y sus consecuencias, la clase que posee los medios de producción mantendrá un dominio completo de estas fuerzas productivas en la forma de propiedad privada.

La eliminación de muchos puestos de empleo debido a la electrónica –la automatización computarizada—no sólo expulsa de forma permanente a los obreros de sus trabajos, sino que origina una crisis dentro del propio capitalismo. Este proceso está creando una nueva clase compuesta por todos los estratos de la clase obrera. Se ha reemplazado a estos obreros, los cuales no volverán a trabajar nunca. Junto con su inhabilidad de vender su mano de obra, están las deudas, las ejecuciones hipotecarias, el hambre, la indigencia y la falta de hogares para millones de personas. Debido a que estos trabajadores carecen cada vez más de la habilidad de comprar los productos que generan las corporaciones, el capitalismo experimenta una crisis de gran trascendencia.

Cuando hablamos de revolución, nos referimos a que la mayoría de la humanidad, la vasta clase obrera con la creciente nueva clase en su interior —aquellos que han sido expulsados de la relación capitalista sin ningún interés ni futuro en la misma—toma el poder político para reestructurar el sistema económico en beneficio de la humanidad y el planeta. La clase obrera— especialmente el segmento que recientemente ha roto los nexos con el capitalismo— tienen en sus manos la crítica tarea de garantizar la propia revolución. Son los propios revolucionarios los que entienden y promulgan esta visión entre el resto de su clase.

Los revolucionarios comprenden este proceso, al igual que sus cimientos materiales e históricos, y saben que deben reemplazar al capitalismo para lograr que la sociedad se ajuste a la nueva producción sin mano de obra. Esta es una visión que no sólo se basa en la rectitud moral y los mejores sueños y esperanzas de la humanidad, sino también en la comprensión científica de las leyes del desarrollo. Los revolucionarios prácticos comprenden este proceso y tienen una visión muy clara de los resultados necesarios: la propiedad pública de los medios de producción, una sociedad cooperativa o el comunismo. Las exigencias de la nueva clase objetivamente revolucionaria son el programa de los revolucionarios conscientes.

La clase gobernante solo puede usar un creciente grado de terror y de violencia para contener el desarrollo que permitirá que se ajusten las relaciones con la revolución en la producción. La respuesta de la clase en el poder, los capitalistas, es continuar manteniendo los privilegios y la propiedad privada bajo estas nuevas condiciones. Ellos hacen esto a través de medios cada vez más fascistas. Ellos también están propagando una visión que se basa en el temor y que pone al obrero en contra del obrero, utiliza a los inmigrantes como chivos expiatorios y culpa a las víctimas de esta destrucción social. Su estrategia depende de las viejas formas de división y confusión que se han utilizado históricamente para evitar la conciencia de clase y para dividir a la clase obrera contra sí misma. Su programa es radical y busca aferrarse a la propiedad privada bajo cualquiera que sea el sistema que se implante después del capitalismo, pues comprenden que éste está llegando a su fin.

Actualmente los revolucionarios son aquellos que tienen nuevas ideas. Ellos comprenden que hay otra forma de hacer las cosas, una que pueda describirse, comprenderse y materializarse —una que funcione de modos prácticos en el mundo real. Esta es la única manera compatible con las nuevas formas de producción. Ellos saben que esta visión de un mundo sin explotación, sin guerras, sin destrucción ambiental, sin hambre y sin desesperanza no es una quimera, sino la única solución racional para todos los problemas aparentemente abrumadores que enfrenta la humanidad. Esta visión se basa en una comprensión científica del desarrollo, de la etapa en la que nos encontramos en el proceso y hacia dónde deseamos ir.

Los revolucionarios comprenden que la conciencia y el programa de la clase no surgirá espontáneamente de este movimiento, sino sólo a través de la introducción de nuevas ideas y de una clara visión y comprensión sobre lo que están luchando. Nada va a mejorar hasta que el pueblo sepa con qué tipo de mundo deben reemplazar el que está pereciendo. Los revolucionarios conscientes comprenden que la única forma viable de or-ganizar la sociedad en esta era de abundancia es a través de de un sistema económico comunal o comunista: la distribución de esta abundancia según las necesidades. Esta es la visión que plantean, enseñan y propagan.

“Algunas personas llaman a esto una sociedad cooperativa o una distribución sin dinero, o la reorganización de una sociedad en el sentido bíblico de que [todo se] “distribuye a cada uno según sus necesidades”. Pero lo que es importante es que los revolucionarios que están luchando contra la destructividad del capitalismo comiencen a unirse en torno a la solución ante esa destrucción. Este programa para la reorganización de la sociedad es la única forma de poner fin a la devastación ecológica, cultural y espiritual que se propaga en la misma. El programa reconoce a la sociedad para que la abundancia que es posible debido a la ciencia y la tecnología beneficie a toda la sociedad. Asimismo, el programa ofrece la oportunidad de unir a los revolucionarios en base a una verdadera solución frente a la destrucción de la sociedad” [Resolución Política, LRNA, Sexta Convención].

Los futuristas predicen diversas formas en las que las nuevas innovaciones pueden mejorar nuestras vidas, liberar a la humanidad del trabajo agotador y poco creativo, desarrollar fuentes de energía que no produzcan contaminación y curar distintas enfermedades. Sin embargo, en tanto estos grandes avances continúen atados a las relaciones en torno a la propiedad privada, los mismos sólo beneficiarán a los pocos que pueden pagarlos y aquellos que los explotan para obtener ganancias, mientras la creciente mayoría de las personas en el mundo se hunden cada vez más en la miseria y la desesperanza por no poder satisfacer las necesidades básicas para sobrevivir. Cuando el pueblo tiene poder político, el mismo puede intervenir en la forma en que se utilizarán estas nuevas invenciones, cuáles o qué aplicaciones de éstas fortalecerán la vida y el bienestar y cuáles son dañinas para la existencia humana y del planeta y, por consiguiente, no deberán utilizarse. En una entrevista reciente, el futurista Ray Kurzweil señaló lo siguiente: “Creo que nuestra civilización va a ser mucho más inteligente y más espiritual en las décadas venideras . . . Nuestra especie siempre trasciende”.

La misión histórica de los revolucionarios de todas las edades es moldear de forma consciente el futuro de la humanidad. Los revolucionarios más experimentados transmiten lo que se les ha enseñado y lo que han aprendido de los estudios y de la lucha a los millones de personas que están respondiendo a estas condiciones que están colmadas tanto de peligros como de una enorme promesa. La cultura de la juventud mundial—cuya mayoría está naciendo o se está empujando a formar parte de la nueva clase sin trabajo— está siendo ‘viral’ en la propagación de las poesías del hip hop, el rap, el slam y el arte en grafiti (un arte que expresa un nuevo mundo que emerge del desafío de aquellos que no tienen cabida ni intereses en el nuevo orden que está pereciendo). Las nuevas formas de comunicación, ahora atadas al control corporativo y a su mal uso, tienen el potencial, cuando se usan con el propósito revolucionario y teniendo en cuenta su misión, de ayudarnos a organizar, a educar y a liberar, poniendo fin de este modo y para siempre a las extintas formas de división.

Se ha dicho que no hay nada más poderoso que una idea cuyo momento ya ha llegado. Los medios actuales de producción que eliminan la mano de obra y que ahora se han socializado por completo, al crear la abundancia sin la necesidad de tener una esclavitud asalariada o de un trabajo agotador y poco creativo, establecen las bases para la materialización, en el mundo real, de un sueño anhelado durante mucho tiempo por el pueblo de los Estados Unidos y del mundo. Se abre paso en una era que marca el fin de la explotación de una clase sobre otra en la lucha por los recursos. Ahora puede iniciar la historia humana, la luz del individuo brillando en la claridad total de una vida liberada, que sólo se puede materializar dentro de una verdadera igualdad y cooperación: el comunismo, una sociedad cooperativa. Cuando se plasme esta visión, desarrollada desde hace mucho tiempo, comenzará la verdadera historia humana. La tenemos a nuestro alcance y hoy debemos llevar a cabo la histórica tarea de materializarla.

abril/mayo.2011.Vol21.Ed2
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Photo of Protest

30,000 se manifiestan en apoyo de la huelga
de el Chicago Sindicato de Maestros
Foto por Ryan L Williams
usado con permiso

Without vision, the people perish: many have repeated this wise saying, recognizing its truth. The age-old vision of a world without scarcity, one that has evolved beyond the need for exploitation, class domination, organized violence, and stultifying labor has been the dream of millennia. It is expressed in the world's literature, secular and sacred: "the land of milk and honey."

'Without Vision, The People Perish'
RC - May 2011

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