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La Voz de la Liga de Revolucionarios por una Nueva América

Examinando, analizando y sacando conclusiones políticas acerca de los problemas más críticos que enfrenta
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Solucionar el Enigma de la Historia

La introducción de una tecnología que reemplaza la mano de obra está destruyendo el valor, polarizando la sociedad y dando origen a la formación de una nueva clase de obreros — cuya mayoría incluye a los trabajadores contingentes, los que ganan menos que el salario mínimo y los que están ocupados sólo por medio tiempo. Es un nuevo segmento de la clase obrera y representa una nueva calidad dentro de ésta. A estos trabajadores se les obliga cada vez más a abandonar la relación entre los obreros y los capitalistas, al igual que a luchar por una nueva sociedad poseedora de los medios de producción y en la cual se distribuya el producto social según las necesidades. El programa actual de esta nueva clase es de abolir la propiedad privada y el mismo está al servicio de los intereses de toda la sociedad.

Objetivamente, el papel histórico de la nueva clase es de unir a todos los que pueda unir y conducir a la sociedad hacia este nuevo mundo. Se ha creado toda la riqueza y toda la propiedad mediante la explotación del trabajo humano — de esclavo a siervo y de siervo a esclavo asalariado — y la clase gobernante se ha apropiado de ésta como propiedad privada. Sólo la eliminación de la propiedad privada puede poner fin al sistema de clases y sus varias formas de explotación.

Todas las inequidades que han conocido los seres humanos y que continúan enfrentando actualmente tienen sus raíces en esta relación fundamental entre la clase propietaria y la clase explotada.

La habilidad de la nueva clase para desempeñar su papel histórico dependerá de si logra adquirir conciencia de sí misma como clase y de su misión histórica. Los revolucionarios deben dar origen a esta toma de conciencia.

La polarización y el proceso revolucionario

Nuestra sociedad se basa en la unidad de dos polos contradictorios — una clase capitalista que posee los medios de producción socialmente necesarios y una clase obrera, la cual esencialmente no posee nada más que su habilidad de trabajar en estos medios de producción. Una de las partes vende la fuerza laboral, mientras que la otra vende los recursos para crear esta fuerza laboral. Este es su nexo económico esencial. Si estos polos se situaran rigurosamente uno opuesto al otro, destrozarían la sociedad de forma rápida debido a la división del producto social.

De forma espontánea e intencional, las gradaciones sociales y económicas en ambas partes evitan esto. Nuestra sociedad no sólo tiene dos polos, sino también una cantidad casi innumerable de gradaciones que van desde la pobreza hasta la riqueza, y la más importante es una “aristocracia laboral” sobornada, apta y segura, con un pie en el proletariado y con otro en las categorías más bajas de la clase capitalista. Cada estrato social penetra internamente en el siguiente, con lo cual todos se mantienen juntos dentro de una sociedad estable.

¿Cómo se puede destronar a semejante leviatán? El inicio del cambio es la polarización, la cual se define en el diccionario como una “escisión aguda en facciones opuestas”.

Para que pueda empezar la polarización, se debe eliminar algún aspecto cualitativo de lo viejo, o bien, introducir algún aspecto de una nueva calidad. Debido a que el “medio” de cualquier proceso mantiene juntos a los polos, se debe introducir algo que destruya esta parte del medio y cree polarización.

Este aspecto de una nueva calidad es la producción automatizada que reemplaza la mano de obra. Con la introducción de la robótica, la relación entre la venta de la fuerza laboral y la venta de los medios de subsistencia comenzó a deteriorarse. Con este ataque contra las bases cualitativas del orden económico, todo lo demás también comenzó a estar bajo ataque. Los capitalistas perdieron su dependencia política en la “aristocracia laboral”, la cual a su vez perdió los buenos empleos y el consiguiente estilo de vida. Todas las instituciones ideológicas y sociales vinculadas al viejo orden comenzaron a estar bajo fuego. El “Estado benefactor”, que garantizaba una fuerza laboral dócil, saludable y educada, comenzó a desmantelarse.

A medida que la parte social y económica situada en el “medio” comenzó a desintegrarse, los polos o facciones opuestas, empezaron a chocar de una forma real y por primera vez desde la Guerra Civil. Aunque sólo estamos al inicio del principio de la polarización, el proceso ahora es irreversible.

Esta destrucción y polarización son objetivas. Las mismas no son el resultado de la idea o el deseo de alguien, sino más bien el producto inevitable de una revolución económica por un lado, y una estructura política y social estática por otro. Así que a medida que se polariza la economía, también lo hace la sociedad. Por consiguiente, se están rompiendo los nexos jurídicos, sociales e ideológicos que mantenían junta a la sociedad. Lo que hemos conocido como democracia ha comenzado a estar bajo fuego de todas partes.

Al tener en cuenta el gran porcentaje de población al que no se le permitió participar en la formulación de estas leyes, se podrá concluir que nunca hemos tenido una verdadera democracia.

Lo que sí tuvimos fue la posesión generalizada de un capital mínimo; es decir, pequeños negocios y especialmente las granjas familiares. Esta independencia económica hizo que fuera imposible gobernar sin consenso. A pesar de los horrores de la esclavitud vitalicia, los siglos de holocausto de los indios americanos y la exclusión política de las mujeres, a pesar de ser la mitad de la población, la vida política del país, la democracia estadounidense, “nuestro estilo de vida” era estable. Había una comunidad de interés mientras hubiera una comunidad de posesión.

A medida que la tecnología reemplaza la mano de obra, la parte económica, política, ideológica y social situada en el “medio” amenaza con explotar en pedazos. La comunidad de interés entre un gran segmento de la población y las corporaciones gigantes amenaza con evaporarse en el aire. El fortalecimiento de la comunidad de interés entre el gobierno y las corporaciones reemplaza a la comunidad anterior y se transforma en la nueva forma de gobernar. Esto es fascismo.

Al enfrentar una creciente masa de trabajadores carentes de propiedades y con un nivel de vida en constante deterioro, la clase gobernante está obligada a desechar toda apariencia de democracia en un escenario social y político tras otro. El surgimiento del fascismo durante los años 20 y 30 fue político — era un programa que un segmento de la sociedad visualizaba y por lo cual luchaba.

Actualmente, el surgimiento del fascismo es objetivo; no hay otra forma de preservar la sociedad privada.

El papel de los revolucionarios y la unidad de la nueva clase

La única salida para la nueva clase — y todos aquellos que pueden unirse — es abolir la propiedad privada como medio de producción. La nueva clase es objetivamente comunista, lo que significa que la historia está enrumbándola hacia una sociedad comunal o cooperativa, puesto que esta es la única forma en que esta nueva clase y la mayoría de la clase obrera pueden sobrevivir en la era de la electrónica.

Si bien será un proceso largo y difícil, actualmente es objetivamente posible que la mayoría de la clase trabajadora se una en torno a un programa que esté al servicio de sus intereses en común y por lo tanto que haga posible que la clase dirija a toda la sociedad hacia el comunismo.

Tanto la producción electrónica que reemplaza la mano de obra como la globalización están creando las condiciones objetivas para que se una la clase. En el último período del desarrollo industrial, fue posible lograr la unidad temporal del segmento privilegiado de la clase obrera, pero no fue posible que los trabajadores se unieran como clase. El racismo, respaldado por los privilegios sociales otorgados a los blancos pobres, mantuvo dividido al pueblo. Actualmente, los obreros blancos también se encuentran en las esquinas mendigando comida junto con los trabajadores negros. Ya sea que la nueva clase se dé cuenta o no, los blancos, los negros, los inmigrantes — tanto los documentados como los indocumentados — son víctimas del sistema capitalista.

Sin embargo, es importante que observemos que se está desarrollando una nueva forma de racismo que puede interferir con la unidad de la clase y que puede utilizarse para instaurar una cultura fascista.

Forzosamente, esta nueva forma de racismo no se basa en el color. A medida que la clase gobernante y las clases profesionales se han integrado cada vez más, se debe eliminar el racismo que ya simplemente no se basa en el color. Esta nueva forma de racismo se dirige contra los “negros de los barrios marginados (‘ghettos’)”, los “inmigrantes ilegales” y los blancos denominados “gentuza blanca (‘trailer trash’) ”. En otras palabras, las diferencias de clase y de cultura con el grupo gobernante, no el color, están surgiendo como la base ideológica para agredir a un segmento de la nueva clase. Si se pasa esto por alto, la ofensiva de la clase gobernante con su propaganda puede servir para aislar a este segmento del resto de la clase, al igual que de la sociedad.

La unidad no es automática. Las personas conscientes deben luchar por lograrla. Aunque se está rebajando a los obreros blancos, todavía existe una diferencia fundamental entre la situación de los negros de las clases más bajas y la de los blancos de las clases más bajas. No obstante, la clase gobernante estadounidense ya no está dando nada a nadie. Se está arrastrando a los desposeídos blancos al nivel social y económico de los desposeídos negros y esto está creando las condiciones objetivas para lograr la unidad dentro de este segmento de la clase. De hecho, en muchos casos en todo el país, tales como el asesinato de Trayvon Martin y la repugnancia generalizada que originaron las golpizas grabadas en vídeo de los indocumentados en la frontera, al igual que los asesinatos en Anaheim, entre otros, ya han empezado a aparecer elementos que impulsan esta unidad.

Una disputa programática

Los cambios extremos en la riqueza y la creciente polarización entre ésta y la pobreza están repercutiendo en todos los segmentos de la sociedad y se les está arrastrando hacia la lucha. Todo tipo de atractivo programático — programa en el sentido de cómo resolver un problema — supone dominación.

En el período preliminar de las elecciones del 2012, los candidatos de ambos partidos políticos predican lo que creen que es la mejor forma de salvar a la “clase media”.

Pero los llamados que hacen no abordan las necesidades de las masas de personas que nunca se beneficiaron mucho del período anterior de la expansión capitalista. Tampoco es posible proteger algo que ya se ha destruido. Para millones de trabajadores que antes eran bien remunerados —la denominada “clase media”— estos buenos puestos de empleo han desaparecido para siempre. La agitación programática en contra del “gran gobierno” es una respuesta natural ante los préstamos de rescate. Muchos obreros que debían su seguridad social y financiera a la expansión del capitalismo y sus mercados, repentinamente se vieron desposeídos del “sueño americano”, mientras el gobierno efectuaba una transferencia no disimulada de riqueza a los bancos y otras corporaciones, con una magnitud sin precedentes.

El tema programático en contra de un gran gobierno libera a éste de su responsabilidad de estar al servicio del interés público.

Con frecuencia, esto se codifica culturalmente para que sea atractivo para las formas de pensamientos retrasados, racistas y contraproducentes, forjados y moldeados por la historia estadounidense de esclavitud, genocidio y discriminación. Su lucha por lograr el predominio está fomentando las condiciones ideológicas para un movimiento fascista.

El creciente sentimiento en contra de las corporaciones representa un despertar de los intereses del pueblo en contra de éstas; los intereses del 99 por ciento en contra del 1 por ciento. Pero ello no necesariamente cuestiona el poder político más directo de las corporaciones y la naturaleza aún más aparente de clases del Estado.

Las propuestas para condonar parte de las hipotecas o de las deudas estudiantiles podrían redistribuir algo del dinero — muy bien acogido por los estudiantes que enfrentan deudas por el resto de sus vidas o aquellas familias que corren el riesgo de perder sus hogares. Pero estas propuestas no resuelven el problema de la reducción de salarios, la eliminación de los puestos de empleo y la inhabilidad de costearse las cosas más necesarias de la vida.

Los cambios dentro del Estado han entrelazado de forma inevitable a las corporaciones y al gobierno, alineando el poder del propio Estado en contra de cualquier lucha social. No será posible resolver el problema inmediato y los desastres actuales mientras las corporaciones y los capitalistas mantengan el poder político como clase.

De cara al futuro

La demanda por alimentos, viviendas, educación y atención de salud de parte de la nueva clase, al igual que la oportunidad de contribuir a la sociedad se resumen como las demandas para una sociedad cooperativa.

Este programa de la nueva clase es el único que puede resolver los problemas que la sociedad está enfrentando en la actualidad.

La disputa sobre lo que se debe hacer en cuanto a las necesidades inmediatas de la gente, sienta las bases para fundir una conciencia definida sobre quién está luchando contra quién y hacia quién se dirige esta lucha.

El programa de la nueva clase tiene el potencial de politizar la conciencia en desarrollo y en sensibilizar sobre el programa que puede resolver estos problemas y servirle como inspiración al determinar la lucha por el poder político para reconstruir la sociedad.

La tarea de los revolucionarios es introducir nuevas ideas en las mentes de los combatientes, para hacerlos ver que su lucha es construir una nueva sociedad y ofrecerles una visión sobre el paraíso económico que es posible instaurar, si el pueblo controla los nuevos medios de producción.

La Liga de Revolucionarios por una Nueva América ha establecido como misión unir a los revolucionarios dispersos con base a las demandas de la nueva clase y educarlos para lograr una resolución cooperativa y comunista del problema. La Liga se dedica a reunir a un grupo central de propagandistas revolucionarios que puedan crear las condiciones para esta nueva clase revolucionaria y objetivamente comunista y para que ésta desempeñe su papel en la historia.

septiembre/octubre.2012.Vol22.Ed3
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Photo of Protest

30,000 se manifiestan en apoyo de la huelga
de el Chicago Sindicato de Maestros
Foto por Ryan L Williams
usado con permiso

Without vision, the people perish: many have repeated this wise saying, recognizing its truth. The age-old vision of a world without scarcity, one that has evolved beyond the need for exploitation, class domination, organized violence, and stultifying labor has been the dream of millennia. It is expressed in the world's literature, secular and sacred: "the land of milk and honey."

'Without Vision, The People Perish'
RC - May 2011

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